
El viento golpeaba con relativa suavidad mi cara y cuerpo, y mis brazos solo hacían esfuerzos sin delicadeza para recuperar el equilibrio en esa difícil posición. Algunos rasgos de nubes cirrus en medio del cielo azul hacían que mi cuerpo sintiera algo de tranquilidad en medio de ese viaje y sus grandes ojos azules no dejaban de mirarme pareciendo una invitación a contener la respiración de ese momento único. A lo lejos podía ver cerros y montañas, abajo calles y árboles diminutos como un dibujo pintado con pasión. El sol pálido de la tarde hacía inverosímil este error del destino.
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